martes, 26 de enero de 2010

La libreria (cuento)


En medio de todo, alrededor de nada, existe una ciudad sin igual llamada TERMOPOLISY . Ciento veintiocho son los habitantes que poseen características similares, como por ejemplo: no miden más de 1.15 cm, se comunican a menudo por gestos, no aparentan tener más de nueve años, tienen un timbre de voz muy peculiar y son muy trabajadores y alegres. Son una mezcla de roedores con felinos. Ojos grandes, hocico brillante, cabellos ensortijados y orejas puntiagudas
Una de las tantas características de este lugar es que su cielo presenta 24 colores diferentes, los cuales determinan las horas. Por ello ninguno de ellos utilizan reloj.
Los Termopolisistas se levantan muy temprano para realizar actividades diferentes. Ellos se diferencian por la forma y el color de sus cabellos. Eran clasificados por grupos, en los cuales desarrollaban acciones diferentes por un bien en común.
Pero bueno… en este capítulo no hablaremos de ellos, ni de sus vivencias y costumbres. Hoy nos situaremos en uno de los miles de lugares mágicos de TERMOPOLISY, iremos a la librería.
“Don Cuchito” (así se llama la librería) situada en el segundo sótano del árbol “La ardilla barbuda” es la más popular de la zona. Resalta de este lugar la variedad de colores, lapiceros, plumones, crayolas, tinteros y hojas que posee. Los ciudadanos deben bajar por un tobogán al mismo tiempo que comían una naranja (ya que los llenaba de energía y los alegraba)
Al llegar, Don Cuchito los atendía con una sonrisa. El es un hombre de buen corazón y permitía que todos jugaran como una gran familia…. pero siempre pidiéndoles orden y respeto entre ellos.
Los favoritos para jugar era “Borrilin”, el borrador más pequeño y gordito de la librería… era muy travieso y cuando los lápices de ensueño creaban un universo, solía ayudarlos cuando se equivocaban. Aunque a veces borraba un poco mas de la cuenta y terminaban persiguiéndolo.
Los termopolisistas tenían el don de elegir un color y con solo tocarlo e imaginar algo, en segundos aparecía. Por ejemplo: si querían una manzana corrían a tocar una pared roja , cerraban los ojos y decían: “manzanaa, manzanaa” y en instantes la tenían en las manos.
Los lápices de colores ayudados de “lapichino” –el lápiz estelar- podían dibujar y colorear en cualquier lugar y hacer aparecer lo que ellos soñarán. No había límites, podían aparecer cualquier cosa. Dibujan perritos azules con orejas de conejo y en segundos los tenían corriendo.
“tracador” el tajador, era un señor un poco renegón que se cansada a menudo porque tenía que ir por toda la librería sacándole punta a todos los lápices y colores “Traca traca.. te tajo y avanzas” . Pero al final sonreía porque todos le decían que sin él no servirían.
“Pluma” era una chica muy divertida, dulce, sincera y orgullosa. Ella dependía del tintero negro, sola no podía expresarse ya que él le permitía posar su puntita (en su densa tinta) y así dibujar, escribir, sumar etc. La pluma y el tintero siempre paraban unidos. Eran más conocidos como “La pluma del tintero negro”.
La librería estaba llena de papeles y hojas de colores. Los papales solían jugar con los colores, con los lápices y crayolas. Entre tantos hay uno muy especial, lo llamaban “James bond” porque es un papel bond. James es un chico tímido, cortés y amante de la lectura.
Un día lluvioso, el papel andaba caminando por los libreros. Los lápices, borradores, láminas etc ya se encontraban durmiendo. Al fondo, en el desván, se divisaba una tenue luz. James sigiloso se acercó, pues tenía curiosidad de saber ¿Por qué esa luz se mantenía prendida?
-Holaaa??? ¿Quien anda por aquí? ¡Soy James, James Bond!
Los minutos pasaban y nadie respondía. James empezó a inquietarse porque no lograba saber quien andaba en el desván.
-Holaaa nuevamenteee!!!! Dije que soy James!!...¿porque nadie me responde?
Siguió buscando y en una esquina dentro de una cajita de cartón, encontró a “Pluma”. Estaba echada, sollozando y sola (sin tintero). James se le acercó y dijo:
-Hola soy James!
(intentó hablarle varias veces pero ella no le respondía) insistió aproximadamente una hora. Ella lo miraba, sonreía y movía su cabeza de lado a lado.
Casi desesperado y a punto de irse, creyendo que “pluma” era una malcriada le preguntó porque no quería responderle. Una lámpara vieja que se despertó por tanto ruido le respondió:
-Ella para con tintero. ¿Acaso no sabes por qué?... Ella no puede expresarse sin tinta, ella no puede escribir, ni dibujar porque no conoce otra manera de hacerlo. Es “La pluma del tintero”
- Pero ella puede pedir a “Don Mass” (un Dios popular que concedía deseos) que la convierta en lapicero negro, así no dependería de tintero. Yo la puedo llevar con él, es mi amigo.
- James, no sé si puedas convencerla.
James al oír lo contado, se puso a bailar frente a pluma para hacerla sonreír. Pluma al principio no lo miraba, hasta que lo miró y empezó a sonreír y bailar junto a él.
-Porque lloras pluma? Que pasa.
Pluma le señaló parte de su cuerpo y estaba manchada por todos lados. James no terminaba de entender hasta que Luciérnaga (la lámpara vieja) le susurro que ella estaba triste porque dependía de tintero y nunca podía ser totalmente libre.
James con una gran sonrisa, le ofreció a pluma hablar con Don Mass. Le entregó su cuerpo para que ella pueda dibujar los paisajes, las formas, las líneas que ella deseara. Le dijo que como lapicero ella ya no tendría problemas porque si se acababa la tinta incluía, se podía recargar.
Pluma dejo de sonreír, dentro de su silencio se fue sin voltear. Se sintió ofendida porque pensó que nadie la podría querer por quién era. Pensó que James quería que sea lapicero y deje de ser quien era.
Pluma le contó lo sucedido a tintero y este se puso celoso al pensar que querían quitarle a su mejor amiga. James buscaba a pluma porque no entendía que sucedía, él no sabía porque se fue.
Pasaron los días y el orgullo de pluma seguía latente. Cuando James lograba acercarse o verla, ella no volteaba a mirarlo, le daba la espalda. Pasaron los días y James seguía ahí.
Una noche, Pluma regresó al desván. Luciernaga, que vive ahí le contó las intensiones de James, las ganas que tenia de hacerla sentir libre, feliz e independiente.
Pluma pensó que había sido muy orgullosa y que era momento de regalarle una sonrisa e ir a ver a Don Mass. Regreso a casa y le contó a tintero lo que pensaba hacer. Espero el amanecer para esperar a James y con ayuda de tintero pedirle perdón.
Llegó el momento en que James (como todos los días) la buscó. Pluma estaba dándole la espalda hasta que escucho la voz de él. Al voltear con su gran sonrisa, tintero se interpuso entre ellos. Pluma sin darse cuenta, resbalo con tintero e hizo que la tinta negra se derrame sobre papel.
James solo cayó al suelo y vio como toda la tinta recorría sobre su blanca piel. El solo quería que pluma le de trazos de amor, quería verla sonreír.
Pluma lloró en silencio y tintero vacío se fué. Los celos lo habían hecho cometer un gran error. El orgullo y la inseguridad de Pluma la traiciono.
James ahora negro, se durmió en brazos de Pluma.
Luciérnaga al enterarse de esto corrió donde Don Mass.
- Don Mass, concédame un deseo… quiero salvar a mi amigo
- Luciernaga, yo no puedo hacer eso, porque los deseos se conceden uno por año.
- Don Mass, entonces… ¿puede ir a ver a mi amigo?

Los dos fueron donde se encontraba James y al verlo lo reconoció. Se dió cuenta que él ya había pedido un deseo hacia tan solo 1 semana.

-Pero.. Don Mass!!! Que deseo pidió él?
- El pidió, que cuando Pluma quiera ser lapicero, se lo conceda sin dudar. Le pidió que le sugiera ser de color negro, pues asi los dos combinarían mejor. El creía que de ese modo Pluma seria feliz.
Al oír esto Pluma miró a Don Mass, con sus enormes ojos café y le suplicó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario